lunes, 2 de diciembre de 2013

Otra vez, vértigo

Josep Moncada. Això és vida. 2010
Hoy de nuevo, como en otras temporadas, me he levantado con vértigo. Supongo que ya dormida lo sentía porque he tenido un sueño horrible en el que cogía un ascensor al sexto piso de un edificio, muy al estilo de la Escuela de Chicago, que sólo tenía 5 pisos y después caía sobre un raíl de tren alocadamente por las terrazas de las construcciones colindantes... 
Josep Moncada. Bussejar els blaus de la mar

Mi madre sufre también de vértigo, unos dicen vértigos, otros vértigo, pero no sé muy bien la diferencia que hay entre uno y otro, a nosotras lo que nos pasa es que perdemos el equilibrio. Este verano pasado fue realmente duro para ella porque no podía ni siquiera entrar en el mar y salir sin ayuda de nadie para no caerse y eso para ella fue una derrota psicológica tremenda porque siempre fue muy buena nadadora, desde niña en el Club del Mar y en la playa de San Amaro a la que iba de marzo a octubre e incluso en el río, en verano. 

Nos enseñó a mi hermano y a mí sin flotadores ni corchos, ni burbujas, ni manguitos y siempre nadamos bastante bien. Este año decidí volver a nadar. Me dije a mí misma: "Se acabó. Se acabó estar 20 kilos por encima de tu peso sin hacer ejercicio y sin cuidarte lo más mínimo" y alentada por una amiga me decidí por lo que más me gusta: el agua. Mi autoestima recibió el golpe más duro que he pasado en estos últimos años cuando el primer día la monitora me dice que nade un par de largos para ver cómo estoy de estilo...mi estilo murió con mi adolescencia: no pude nadar ni medio largo, los brazos me pesaban, no era capaz de respirar y me asombré a mí misma nadando a crol moviendo la cabeza de un lado a otro sin orden ni concierto...con ese movimiento no me extraña el mareo. Intentó tranquilizarme, diciéndome que sólo era el primer día. Al segundo me dio un corcho ("¡¡no!!, ¡¡un corcho, no!!") y me dijo que las piernas iban bien pero que tenía que controlar la respiración... Un corcho, a mí, un corcho... mi perdición, parecía que no había pasado el tiempo, que como dice el tango 20 años no es nada pero...estaban ahí, día a día, provocando mi entumecimiento y mi olvido...
Josep Moncada.  Un fragment de pell tot jus
acaronada, besada, recorreguda...
 Las primeras semanas estuve derrotada. Mis compañeras de clase, expertas nadadoras desde hace 11 años como mínimo, me superan todas en edad, van y vienen cual sirenas, con 70 años, algunas, de edad como si en el agua no existiese un baremo que mide los años de la misma manera que en tierra. Y yo en el medio, ya nadando más o menos bien, aunque a braza me sigue costando, curiosamente, a mariposa ya ni lo intento, pero con un problema de resistencia que espero ir superando poco a poco. Hace un mes(que si no te preocupes, que si es que el cuerpo te está respondiendo al ejercicio) casi me caigo redonda al salir, subiendo esas malditas escaleras que separan Adormideras del resto del mundo (para los no coruñeses, Adormideras es el barrio donde está El Club del Mar, a donde voy a la piscina, y la playa de San Amaro a los que se accede bajando una colina. Justo a la entrada del Club situaron una escalinata como atajo y para salvar las cuestas y el desnivel). Y ahí estoy hoy 3 de diciembre medio mareada pero pensando en nadar y nadar, en mejorar el estilo, en mejorar la resistencia, en coordinar la respiración, repito mentalmente los movimientos y la respiración para aplicarlo mejor cuando esté en la piscina y pienso: "Menos mal que mi vida está invadida por numerosas ocupaciones que llego a estar soltera sin responsabilidades y me veo a mí misma obsesionada con la natación acudiendo a la piscina día sí, día también para llegar a nadar como antaño, mejor incluso, y perder de una vez estos 20 kilos que pesan como 20 años " y me digo "A ver si me pasa esta sensación de pérdida de equilibrio aunque, por otro lado, Es esta la vida, señorita, sino hubiese oscilación tampoco habría equilibrio".
Josep Moncada. Surar



domingo, 1 de diciembre de 2013

Casa

Cuando, de pronto estás con alguien,que no es tu pareja, y te sientes como en casa...algo va mal...te preguntas ¿Es esto la vida? Sentir ansiedad, dar la vuelta a la esquina y sentirte en paz como si la habitación de tu casa de toda la vida nunca te hubiese abandonado...

jueves, 14 de noviembre de 2013

Comenzar...

Antón Semenov
Esta primera, y espero que no única entrada, va dedicada a Alejandro y Fran por no cejar en su empeño y alentarme para que volviese a escribir.
Tras cuatro años y cuarenta y largos seguidores reconocidos y otros pocos anónimos, decidí claudicar. Cerré un blog que había nacido más o menos junto con mi hijo y como algo impersonal, un lugar donde mostrar las creaciones más oscuras de los artistas,-y fue por ello por lo que me decidí a compartirlo con un montón de personas de mi entorno, conocidas o no tan conocidas-, pero pronto se convirtió en una vía de escape con entradas muy personales e íntimas, una vía de escape de los problemas rutinarios de una familia normal, de discusiones laborales y familiares, una vía de escape como el que va a correr para evadirse del mundo. Pero tras esos cuatro años y tras empeorar casi hasta la extenuación mi vida personal, el blog era casi como un piedra más encima. Deseaba escribir pero me coartaba ante la idea de que alguien cercano a mí pero no tanto como para conocer mis problemas y mis desventuras pudiese saber y conocer al detalle mi interior; vamos que me desalentaba ante la idea de la transparencia.  Casi medio año después de aquello, empiezo esto que pretende ser distinto pero igual, distinto en mi enfoque vital, distinto en las personas con las que compartirlo pero igual prácticamente en formato y en expresión. En principio mi idea era otra completamente distinta pero necesitaba una cámara de fotos de calidad o un fotógrafo dispuesto a colaborar asiduamente conmigo, y  ante la imposiblidad de encontrar un fotógrafo amigo que estuviese dispuesto a seguirme en mi andadura y los continuos infortunios económicos que me imposibilitan para adquirir una, he decidido posponer mi idea para cuando pueda permitírmelo o encuentre mi media naranja bloggera.
Hay una señora con la que, debo llevar viéndola desde que era pequeña, me topo cada día. Es uno de esos personajes populares de las ciudades pequeñas que todo el mundo conoce pero que nadie trata ni conoce en profundidad. Siempre está cerca de las paradas de bus de la zona por la que me muevo y siempre lleva un carro de la compra con ella. Quizá recuerde un poco a esas homeless de las películas, mujeres mayores, con problemas mentales de tanto vivir en la calle y sin familia cercana que la ayude.
Cada día me pide, supongo que al resto de las personas con las que se topa también, algo de dinero para comer, lo hace de manera brusca, con cara de mal humor, como enfadada - "Dame dinero para comer"- y cada día le digo que no, porque no puedo, en estas circunstancias en las que estoy, y porque tampoco sé muy bien para qué lo necesita porque creo que para comer no es. Siempre espero atenta a ver con qué me sale porque cuando la respuesta ante su orden (ya no petición) es no, su creatividad asoma como la de Picasso ante el lienzo:
-Nena, dame para comer. 
-No, lo siento no tengo nada.
-Hija de Puta. No puedo remediar reírme cuando la dejo atrás, evidentemente no cometería la insensibilidad de hacerlo ante ella pues ese insulto supongo que se produce ya no ante la rabia de la negativa, o quizá imagino demasiado, pero yo lo veo más como la rabia ante la indiferencia. 
-Oye, dame dinero.
-No llevo suelto, lo siento. Se sienta en el banco de la parada del autobús y escupe hacia mis pies, con la suerte de no ser siquiera tocada con alguna partícula que sale de su boca, afortunadamente para mis zapatos y para mí.
-¿Me das algo niña?
Detalle de la obra de Semenov
- No, lo siento. Y en un gallego perfecto me suelta (lo traduciré por si alguien no lo entiende): 
-Me cago en el coño que te parió. 
Y así, un sinfin de contestaciones a cada cual más creativa. La de hoy ya ha sido el no va más cuando ante mi negativa me ha soltado un eructo, de esos asquerosos tipo tío de universidad americana, de esos rubios que juega a football americano y que suelta, en plan gracieta,  después de beberse una cocacola...
Y me digo a mí misma: Así es la vida que hemos creado, señorita Smith: unos escupiendo indiferencia desde sus coches, desde la tranquilidad de sus casas, con sus televisores HD y sus ordenadores Os X y otros salpicando con saliva desnutrida los zapatos lustrosos de la clase media impasible.